lunes, 14 de enero de 2008

Aquí están...estos son...

... Los Gloriosos Mapaches Aulladores, hoy. Como dijo Pedro, una síntesis de nuestra amistad. Unidos y cerca de la Quilmes, que se empeña en salir en primer plano en todas nuestras fotos.
De a poco vamos publicando las fotos del sábado inolvidable. Aquí la barra, el motivo fundamental de nuestra reunión. ¡Qué equipo señores!!

domingo, 13 de enero de 2008

Una fiesta inolvidable

La fiesta del Regreso fue todo un éxito. Volvimos a estar todos juntos y pasamos una noche espectacular. Las primeras imágenes de un encuentro inolvidable.


Casi a modo de muestra gratis, la primera imagen de la fiesta del Regreso de Los Mapaches Aulladores. Si, comida se vev poca, pero se comieron todo lo que encontraron. Y bebimos bien, como corresponde para este tipo de acontecimientos.
Fuimos en total 18, con las esposas y los chicos, la nueva generación de Mapaches. En breve iremos publicando todas las fotos de la fiesta. Algunas, como en las viejas épocas, son impresentables. Así que pasarán por un buen filtro. Para seguir disfrutando...

viernes, 11 de enero de 2008

Hoy va a ser un gran día

Regresan los gloriosos Mapaches Aulladores. Es un día de gloria, de alegría. Volvemos a estar juntos como en nuestras epocas de estudiantes. Hay lugar para todos. También para una enorme cuota de nostalgia y melancolía. Señores, la mesa está servida, salud...




Ni esa camiseta tan parecida a la de San Lorenzo ni la albinegra que usamos en nuestra última etapa. Ninguna de las dos nos podremos poner esta noche para reencontrarnos, pero que importa. Llegó el gran día. Hoy regresan Los Mapaches Aulladores. La mística sigue intacta, está más viva que nunca. Como en aquellas inolvidables jornadas en las que desparramamos por las canchas nuestra pasión por jugar con nuestros amigos, por jugar con la gente que queremos.

No habremos ganado partidos ni campeonatos, pero acá estamos otra vez juntos, como si el tiempo no hubiera pasado. Con el Gabi y el Tío hace facilmente 15 años que no cenamos juntos. Con Pedro, si sacamos nuestros casamientos o los de algún amigo, hace una década que no compartimos una mesa y un buen asado. A excepción también de nuestra anterior reunión del reencuentro.

Eso no tiene precio. No hay campeonato que se iguale al privilegio de volver a estar con los amigos de tantos años. Y volverán las anécdotas y los recuerdos. El Gabi contará como atajó un penal decisivo en una definición cuando le nombramos a cierta personita un tanto mufa. Lo volveremos a gastar a Norman porque tardaba en cambiarse. O a Pedro, por llegar siempre tarde a todos lados. O al Tío por vivir la vida en punto muerto. O a mi cuando les dije "ya vengo" y regresé al otro día. O a Gerardo, porque hasta el día de hoy no sabemos como es que jugó al rugby.

Y se vendran los recuerdos a la cabeza cuando escuchemos la música de las peñas del Olimpia, de Ciencias Económicas, del Profesorado, del Club Ferroviario, de Casa D'Italia o de las miles de veces que fuimos a esa especie de segundo hogar que fue siempre Parador. Y por supuesto que habrá un gran asado, buena bebida y una noche larga larga para disfrutarla entre todos.

Hoy va a ser un gran día, no tengo la menor duda.

Con el equipo confirmado...

El plantel está confirmado para el gran encuentro de mañana. Solamente tendremos una baja, aunque espiritualmente, estará con nosotros. Y, lo que es más importante, nosotros estaremos espiritualmente con él.

Pasaron muchos meses de planificar, de organizar, de pensar en el gran reencuentro. Y los últimos días han sido de pura expectativa. De confirmar quiénes se sumaban, de saber quiénes iban a estar. Y por suerte, se puede decir que estaremos todos.
Norman confirmó que viene con su esposa (el amor de su vida) y uno de sus hijos. Gerardo y Eliana. Pedro viene con Valeria y con Joaquín. Gabriel viene con su esposa. El Tío a último momento también confirmó su presencia. Solamente estará ausente Ezequiel, aunque hay una razón más que importante para que El Tano no pueda estar acompañándonos.
Su padre no está pasando por un buen momento y él está con su familia, como corresponde. Y está claro que nosotros lo estamos apoyando en lo que podemos.
¿El equipo para mañana? Al arco, El Gabi; en la defensa, Norman y Germán; en la mitad de la cnacha, Pedro y el medio scrum Gerardo y adelante, El Tío y Ezequiel. Un equipo para temer. Mañana será un gran día.

martes, 8 de enero de 2008

El porqué de un nombre

Nada es casualidad. Nuestro equipo no se llama así por casualidad. Todo tiene un porqué. El origen del nombre. Y un homenaje permanente al un ídolo inmortal: el Negro Fontanarrosa.






Congodia es un pequeño país de Africa, ubicado entre Kenia y Somalía. Un principado que logró su independencia hace 53 años. Justamente su independencia la logró de una forma muy particular. Y fue a través de la disputa de un partido de fútbol. Esa fue de las tantas conquistas que lograron sus ignotos futbolistas. Siempre subestimados, pero siempre vencedores.

Para enfrentar a ese invencible equipo de Congodia fue convocado Best Seller, quien seleccionó al más heterogéneo grupo de jugadores. Ellos fueron los Mapaches Aulladores de Dyersville. A ellos les debemos el nombre.

¿Fueron a jugar finalmente a Congodia? Claro, como no iban a ir. ¿Y cómo les fue? Bueno, si usted estimado lector es integrante de Los Mapaches Aulladores, conoce la respuesta. De lo contrario, lo invitamos a leer El Area 18. Una de las tres novelas que escribió el fantástico Negro Fontanarrosa.

Desde aquellos lejanos y convertibles inviernos de los años '90 le brindamos nuestro más humilde y silencioso homenaje al padre de Inodoro, Boogie, Mendieta, Cattamarancio, Wilmar Everton Cardaña, El Pichón de Cristo, El Viejo con Arbol, y el inefable Ernesto Esteban Etchenique. Para vos Negro, que nos vas a estar acompañando en la mesa del sábado.

sábado, 5 de enero de 2008

Siento ruido de pelota...

En apenas una semana se producirá el regreso tan esperado. La convocatoria está dando buenos resultados. Están practicamente todos confirmados para el sábado 12. Ya empezamos a prender el fuego...

Todo está listo. Entramos en la recta final. Se ultiman los detalles. Se realizan los últimos preparativos. Estamos todos, es de pensar que vamos a estar todos. Están practicamente confirmadas todas las presencias.
Norman ya está en Santa Fe listo para venirse. Gerardo descansa en Rincón, pero regresa el lunes para preparar el viaje. Ezequiel acomoda los tantos para llegar el sábado. En Rafaela, estamos todos preparados.
Estamos a una semana del esperado Regreso de Los Mapaches Aulladores. Ah, sí. Falta organizar el partido de fútbol. El problema son los rivales, no todo el mundo quiere enfrentarse a un mito viviente. Pero bueno, estamos en eso.
Lo que sí está listo es el menú. Estamos acopiando comida y bebida como para un regimiento. Esperemos que alcance. El gran regreso del 2008 está en marcha. Y lo viviremos día a día.

viernes, 4 de enero de 2008

Mi amigo, el dibujante

Fue el último en unirse a la banda. Fue el último en llegar. Digamos que es el más novato de los integrantes de Los Mapaches Aulladores. Eso no le quita ningún mérito, porque casi desde el momento en que nos conocimos supimos que Gerardo iba a terminar siendo parte del grupo.
Apareció en el viejo y glorioso Hora Cero, cuando arrancamos justamente de cero. Hastá ahí llegaron sus dibujos un domingo de mayo del '94 cuando nosotros domábamos un teclado y él quería hacer su tira diaria con un tema deportivo.
En la redacción nos hicimos amigos, compartimos las primera salidas y fue tomando forma la idea de que se venga a vivir con nosotros al Templo de Courreges. No pasó mucho tiempo, apenas unos meses para que Cosenza mudará sus trastos al Depto. Eso aumentó considerablemente el ya interesante consumo de cerveza promedio. Claro que también alivió un poco a Ezequiel que dejó de renegar con su anterior compañero de habitación.
Con Gerardo me pasó siempre lo mismo. Es como si nos conociéramos de siempre. Es como si me entendiera lo que me pasa desde siempre. Tal vez por eso siempre hablamos mucho de los que nos pasa. Incluso en la distancia.
Todavía recuerdo como si fuera hoy un momento entre triste y alegre que nos ocurrió con Gerardo. El día que le llegó el telegrama de despido, decidimos hacer una comida en casa para juntar a todos los amigos. Era la mejor manera de estar con él. El mundo no había terminado y tenía a todos sus amigos cerca.
La vida lo llevó a instalarse en España junto a la Eli, compañera inclaudicable. Allí hace 7 años que vive, pero la amistad está intacta. Vino hace tres a la Argentina y por supuesto, estuvo en Rafaela. Fue la última vez que nos vimos. Y ahora estamos listos para volver a recibirlo.

miércoles, 2 de enero de 2008

El que siempre me bancó

Es un ejemplar difícil de encontrar. Me animaría a decir que es el amigo que todos alguna vez querríamos tener. Ese es Pedro.
Muchacho de carácter tranquilo, demasiado tranquilo, diría yo. El nunca se va a apurar por nada. Nunca lo vas a ver alterado. Jamás hace nada contrarreloj. Y eso, muchas veces, le suele jugar en contra. Es que no todos somos tan tranquilos como él ni vivimos a su ritmo.
Pero como lo conocemos, le aceptamos sus llegadas tarde. Que digamos de encontrarnos con los amigos a las 10 y Pedro llegué tipo 12 y cuarto y sin el más mínimo apuro.
Claro que más allá de estos pequeños detalles, Pedro es el tipo que más me bancó en una etapa maravillosa de mi vida. Desde el primer día vivimos juntos en la pensión de calle Villaguay. Allí aprendimos a conocernos. Ahí nos hicimos amigos. Ahí empezamos a cocinar una parte de las más ricas torta fritas del mundo.
Apenas un año después nos fuimos a vivir con Los Gabi y esa relación se fue fortaleciendo. Pedro es el tipo bueno del grupo. El amigo de todos, el que nunca tiene un sí ni un no con nadie. Es prototipo de tipo bueno. Así y todo, un tipo de carácter, sobre todo adentro de la cancha.
Así en la vidad como en el verde césped. Laburador, le gusta ponerle el hombro a las situaciones complicadas, tiene la habilidad para adaptarse a distintos lugares. Ah, y es un periodista de puta madre. Profesión que retomó en el año que terminó, por suerte.
Fueron más de 7 inolvidables años los que nos tocó convivir. Y la verdad que fue un honor poder compartirlos con Pedro. Y poder decir luego de más de una década, que sigue formando parte de la más selecta lista de grandes amigos.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Un Gabriel y otro



Cuando uno decide irse a vivir solo y lejos de casa, es muy bueno encontrar buenas compañías. Muchas veces ocurre que gente del mismo lugar de origen se junta, como para que estar lejos del pago no se sienta tanto.


Nos ocurrió en el año '89 que conocimos a dos ejemplares rafaelinos que ya estaban instalados en Paraná y que terminaron siendo compañeros de casa por tres grandes años. Gabriel y Gabriel. O mejor dicho, el Gabi y el Tío.


A comienzos del '90 nos encontramos viviendo junto a Pedro en el querido departamento de Buenos Aires 176 (¿o 167? bueno, la verdad no lo recuerdo bien), 1º A. No se trataba precisamente de una torre de departamentos, era más bien un grupo de dos plantas y con apenas un par de deptos por piso. Igual, al nuestro no le faltaba nada. Dos dormitorios, comedor, cocina, sala de lectura, dos baños y hasta patio.


Seguramente una de las cosas más recordadas de aquellos años fue haber vivido el Mundial de Italia 90, el que vimos casi en su totalidad en blanco y negro (la tecnología y el presupuesto no daba para un plasma)


Allí también hicimos las más ricas torta fritas del planeta y sus alrededores. Un ritual que hacía que se llenara el departamento muy a menudo. Y ni hablar de las interminables noches de truco jugado a cara de perro y con historial actualizado día a día.


Tal vez por su contextura física, el Gabi era un poco el padre de nosotros tres. Era sin dudas el que más respeto inspiraba, sobre todo si se tenían en cuentas nuestros humildes 65 kilos de peso de aquella época. Arquero en recordadas y perdidas batallas de los Interfacultades. La verdad -habrá que decirlo- nunca tuvo pinta de arquero. Aunque si me pongo a recordar otros ejemplares que de verlos parecían Amadeo Carrizo y que después atajando eran horribles, la verdad me quedo con el Gabi. Además, verlo en el arco, asustaba a cualquiera (a nosotros tambien, ja).
El Tío es, como diría Ezequiel, un delantero que obliga (a sacarlo). La verdad que le recuerdo un solo gol con la gloriosa camiseta de los Mapaches. Una mañana de sábado nublado en la cancha de Peñarol. Siempre fue adorable verlo vivir la vida en punto muerto. Nunca apurado, nunca nervioso. Aunque eso a la hora del fútbol le jugara en contra.
Fueron, más allá de sus condiciones futbolísticas, grandes compañeros de ruta. Parte importante de nuestra historia en Paraná. Un poco hermanos, un poco padres y, sobre todo, amigos. Y por supuesto, parte de este mito viviente que son Los Mapaches Aulladores.

domingo, 4 de noviembre de 2007

El amigo de la nostalgia

Pocas veces una persona reúne tantas buenas condiciones. Ezequiel es una de esas personas. Es, junto a los restantes integrantes del grupo, de los que hacen un culto de la amistad. Incondicional como pocos, vehemente, también como pocos. Con el Tano vivimos buena parte de los grandes momentos de nuestra adolescencia. Compartimos los buenos y apechugamos en los malos.
Es de los que sabe que nada se cambia por una cerveza con un amigo. Lo que lo distingue del resto del grupo -y lo que lo hace más amigo mío aun- es que sea melancólico y nostálgico al mango. En eso nos parecemos, definitivamente. Y siempre me gustó que fuera así.
Habría que escribir mucho para resumir los momentos que pasamos juntos. Fue el templo sagrado de Courreges 236 el que nos encontró conviviendo por primera vez. Pedro, Ezequiel y yo hicimos realidad la idea de vivir juntos en 1994. Primero lo compartiríamos con un rafaelino, del que pocos recuerdos quedaron. Para que luego de menos de un año llegara el último integrante del grupo: Gerardo.
Fue el que nos llevó a trabajar al glorioso Hora Cero. El que nos inició en el periodismo profesional. El que nos enseñó a dar los primeros pasos. El que nos llevó a trabajar con los veteranos. Con el que compartimos innumerables partidos de fútbol en el bar que estaba debajo del departamento de calle Buenos Aires.
Evidentemente eran otras épocas, pero el paso del tiempo no ha cambiado los conceptos. Después de 11 años de ya no vivir juntos, la amistad sigue intacta. Acaso haya crecido, madurado. Y seguramente eso nos haga reconocer las grandes amistades, las verdaderas amistades. El hecho de no necesitar estar juntos para ser tan amigos como antes.
Por eso, volver a juntarnos es casi como una formalidad, como si cada día nos encontráramos en la cena o en el almuerzo, o salieramos a tomar una cerveza o fuéramos a Parador.