Pocas veces una persona reúne tantas buenas condiciones. Ezequiel es una de esas personas. Es, junto a los restantes integrantes del grupo, de los que hacen un culto de la amistad. Incondicional como pocos, vehemente, también como pocos. Con el Tano vivimos buena parte de los grandes momentos de nuestra adolescencia. Compartimos los buenos y apechugamos en los malos.
Es de los que sabe que nada se cambia por una cerveza con un amigo. Lo que lo distingue del resto del grupo -y lo que lo hace más amigo mío aun- es que sea melancólico y nostálgico al mango. En eso nos parecemos, definitivamente. Y siempre me gustó que fuera así.
Habría que escribir mucho para resumir los momentos que pasamos juntos. Fue el templo sagrado de Courreges 236 el que nos encontró conviviendo por primera vez. Pedro, Ezequiel y yo hicimos realidad la idea de vivir juntos en 1994. Primero lo compartiríamos con un rafaelino, del que pocos recuerdos quedaron. Para que luego de menos de un año llegara el último integrante del grupo: Gerardo.
Fue el que nos llevó a trabajar al glorioso Hora Cero. El que nos inició en el periodismo profesional. El que nos enseñó a dar los primeros pasos. El que nos llevó a trabajar con los veteranos. Con el que compartimos innumerables partidos de fútbol en el bar que estaba debajo del departamento de calle Buenos Aires.
Evidentemente eran otras épocas, pero el paso del tiempo no ha cambiado los conceptos. Después de 11 años de ya no vivir juntos, la amistad sigue intacta. Acaso haya crecido, madurado. Y seguramente eso nos haga reconocer las grandes amistades, las verdaderas amistades. El hecho de no necesitar estar juntos para ser tan amigos como antes.
Por eso, volver a juntarnos es casi como una formalidad, como si cada día nos encontráramos en la cena o en el almuerzo, o salieramos a tomar una cerveza o fuéramos a Parador.
Mudamos el blog a horaciopiceda.com.ar
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Hola. Disculpa las molestias. Pero mudamos el blog a la nueva direccion:
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Hace 16 años
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