Del Potro perdió, se lesionó y no está para jugar mañana, aun cuando juegue (Foto:www.daviscup.com)
Si uno se dejara llevar por los medios, muchas veces saldría con el paraguas en la mano en un día pleno de sol. Hay infinidad de ejemplos que muestran las mentiras de los medios, algunas más deliberadas que otras, algunas más redituables que otras. Hoy me quiero ocupar de una muy actual: la final de la Copa Davis.
Casi ni vale la pena recordar todo lo que se dijo sobre la victoria casi segura (que ahora todos los medios negarán que dieron por hecha) del equipo argentino sobre un disminuido combinado Español sin Rafa Nadal, como si jugar una Copa Davis fuera lo mismo que jugar la final de Wimbledon. Si el mejor de España se midiera con el mejor de Argentina en un mano a mano, na habrías chances, pero esta instancia es por equipos.
España, no por nada país del primer mundo, tiene bastante más claro esto. No lloró sobre la leche derramada cuando Rafa dijo que no venía. Y en la Pampa Húmeda empezamos a gastar a cuenta del seguro triunfo gaucho. "El gran momento de Del Potro" y "la magia del Rey David" eran cartas más que suficientes como para despachar sin demasiado esfuerzo a jugadores medio pelo como Ferrer, Verdasco o López.
Claro que nadie se preguntó cómo llegaba Del Potro, quien ya antes del Master de Shanghai venía en tres cilindros y echando humo por todos lados. Claro, a Mancini lo hubieran incinerado vivo en la Plaza de Mayo si no lo llevaba como integrante del equipo. Y Nalbandian, siempre tan preocupado porque no se jugó en "la altura" de Córdoba, se sabe no es garantía de nada. Un día se levanta con ganas de jugar y te pinta la cara y otro día (como hoy, por ejemplo) parece un jugador de entrecasa.
Tampoco ninguno de los "especialistas" se preguntó ayer por qué si Calleri y Acasuso entrenaron durante dos semanas juntos para jugar el dobles termina apareciendo Nalbandian como titular. ¿Acaso se confiaron tanto en el triunfo del dobles? Ahora el panorama es este: perdemos 2-1, Nalbandian está muerto de cansado y Del Potro lesionado. Entonces, hay que echar mano al desplazado Acasuso, quien debería salir a salvarles las papas a las malas decisiones de Mancini y al pésimo partido de Nalbandian en dobles.
¿No hubiera sido más valioso que piensen en función de equipo? A la luz de los hechos, jamás se pensó así. Mancini se jugó a que Nalbandian le diera los tres puntos para quedarse con la Copa y, por las dudas, puso al jugador del momento para asegurar una victoria fácil. ¿Y dónde están los analistas, los que saben de tenis y deberían haber marcado estas cosas?
Ah no, esos están adulando al "Rey David" y a "Delpo", al gran capitán "Luli" y despreciando a los españoles como si fueran jugadores del montón. Y por si quedara alguna duda de que somos buenos argentinos y la culpa siempre la tienen los otros, el árbitro, la mala suerte y vaya a saber cuantas mentiras más, lo llevaron de "comentarista" a Guillermo Coria. Compañero de todos estos jugadores en el equipo de la Davis. ¿Alguien se imaginaba a Coria criticando a Nalbandian por un error, cuando el no puede pasar la pelota del otro lado de la red más que con la mano? "Yo lo quiero ver a Feliciano López sacando 30 iguales", dijo el viernes a modo de sentencia. Claro, es mucho más fácil descalificar al rival que marcar los errores propios.
Ojalá Argentina gane la Copa Davis, de todas maneras, si sirven como parámetro los tres partidos jugados hasta aquí, España ha sido muy superior y la lógica -en un deporte lógico- indica que van a ganar ellos. Y estará bien. Porque jugaron en equipo, porque pensaron como equipo, porque no se aferraron a su figura y porque prefieron tener buenas cartas durante todas las manos y no solamente tener el as de espadas en un par de ellas. Mientras tanto, los aduladores de siempre se quedarán hablando del árbitro, de la mala suerte, de aquella pelota que no entró y seguirán descalificando al rival, pero nunca contarán lo que realmente pasó.


La previa: Gerardo, Eliana, Gabi y Norman, charlando en el patio. Y fíjense el detalle: el asado ya está aprontado, el fuego ya estaba prendido.
Esto no se lo cree nadie. Norman, Gerardo, yo y una botella de agua mineral. Juro que no tomamos una gota de agua.
El reencuentro. El Gabi y el Tío charlan frente a frente con Norman después de más de una década. Creo que nadie se percató de ese detalle.
Gerardo tratando de descifrar una vieja foto. Si Gera, somos nosotros y jugando al fútbol con las mujeres. Eso sí, de c.... ni hablar.

