viernes, 21 de septiembre de 2007

Las primeras compañías

Cuando uno decide irse a estudiar lejos de casa, esa decisión conlleva varios factores a tener en cuenta. No todo pasa por conseguir un lugar adecuado, por estar convencido de lo que se quiere estudiar. Un factor que diría que es determinante es el de las compañías.
Y no siempre se tiene la suerte de conseguir buenos compañeros de ruta. Ese fue un elemento que por fortuna tuve a mi favor. Primero, encontrar a Pedro. Un pibe que tiene muchas virtudes, aunque muchas veces me empeñé en marcarle los defectos. O en todo caso, me tocó sufrirlos. Ja.
Como olvidarme de aquel domingo de abril. El 2 de abril de 1989. Ese fue el día en el que nos fuimos a vivir a Paraná. Un día después que Pedro cumpliera los 18. La querida pensión de Villaguay 612. Tenía sus particularidades. Por ejemplo, no era un pensión convencional. Eran dos habitaciones detrás de una peluquería de un peluquero loco.
Allí vivimos sin televisor, con la radio prendida las 24 horas y fuimos descubriendo al otro. Jugábamos una especie de tenis en el dormitorio con una pelota de goma espuma. Cosa rara, no? Cocinamos parte de las mejores torta fritas de la historia. Y caminamos incansablemente las 15 cuadras que nos separaban de la Facultad, cada mañana. Y fuimos a correr a la plaza que teníamos a una cuadra.
Ese fue un año intenso, porque era todo nuevo para nosotros. A punto tal que debutamos errándole al curso que teníamos que ir. Entonces, presenciamos dos veces la misma clase, con la misma profesora.
Allí vivimos las primeras historias. Las primeras peñas universitarias, aquel recital organizado por los radicales en el Club Echagüe. Ese fue sólo el comienzo, pero como no recordarlo. Con la misma nostalgia que a todos los demás, porque allí empezó todo.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Quiero verte otra vez...


Alguna vez alguien deberá dejar de mencionarlas como pequeñas cosas a las pequeñas cosas, porque son esas precisamente las que le ponen el condimento justo a nuestra vida. En definitiva, son grandes cosas.
Una de esas pequeñas grandes cosas está por ocurrir. Y solamente por ese pequeño detalle se arma este blog.
El tiempo pasó, los años pasaron, los destinos nos fueron llevando hacia distintos lugares, pero hay algo que sigue intacto como el primer día. Ya no somos tan adolescentes, ya no vamos a peñas universitarias, ya no trasnochamos hasta los lunes, ya no podemos disimular la panza, ya no lo tenemos al Negro Fontanarrosa, pero mantenemos la esencia de nuestra amistad. Seguimos siendo Los Mapaches Aulladores.
Y ese es un muy buen motivo para mostrar que aquella mística futbolera sigue intacta. En enero regresan Los Mapaches Aulladores, volvemos a estar juntos. ¿Acaso no vuelven todos? Volvió Soda Stereo y hasta Los Gatos.
Ahora nos toca a nosotros. La cita es en enero. No será en Buenos Aires 176, 1º A (arriba del bar), no será en el Templo de Courreges 236, no será arriba de Parador en el 4º H, pero vamos a estar todos.
El Gallego Cosenza, el Gordo Munchen, el Tano Ré, Pedrito y yo. Y la convocatoria se extiende al Gaby y al Tío.
La excusa, un asado, cerveza, vino, por supuesto, fútbol y mucha nostalgia. Por todos estos años de amistad, por todos los momentos vividos, por el placer del reencuentro. A cuatro meses del regreso, lo comenzamos a vivir, a palpitar, y también a recordar todo lo que fuimos pasando, como nos conocimos, donde se unieron nuestras vidas. Porque para nosotros no hay pequeñas cosas. Sólo grandes amistades.