viernes, 17 de octubre de 2008
Un drama llamado edad
En otra épocas, las abuelas o algunas madres ya mayores solían tener la creencia de que estar embarazada equivale a estar enfermo. De hecho, cuando llega la hora de las benditas contracciones, ellas hablan de que "se descompuso". De la misma manera, siempre hubo y hay mucha gente que cree que cumplir años es uno de los dramas cotidianos que tiene que soportar su ya golpeada vida terrenal.
Estos dramáticos ejemplares no tienen un rango de edad en el que desplegar su sufrimiento. Creen que siempre es malo. A los 15, a los 18, a los 21, a los 24, a los 27, a los 30. Y ni que hablar cuando se supera esa barrera de los 30, esa señal inequívoca de que uno es viejo. Para las mujeres, más adeptas a no querer cumplir años, también la valla de los 40 supone un sufrimiento mayor. La menopausia es una enmiga pública de las mujeres.
Y son precisamente las damas las que menos quieren saber de soplar velitas. Difícilmente, una mujer te diga su edad ante la primera interrogación. Y si se confiesa, lo hará sin antes anteponer frases del tipo "esas cosas no se le preguntan a una mujer", "¿Cuántos me das?" (un buen motivo para echarle la culpa al otro de la edad que tienen), "pero mirá que tengo dos embarazos arriba" y cosas así.
Asimismo, es la mujer -según mi modesto entender, más por una cuestión de vanidad personal que por una exigencia varonil- la que siempre quiere disimular la edad. Sin llegar a entender que al hombre, en el fondo, le gustan tal como son y con la edad que tienen. Pero como no entienden eso, apelan a costosas -y peligrosas- operaciones que solucionan mágicamente lo que Dios no le dio con un criterio muy injusto.
Entonces, de la noche a la mañana, aparecen delgadas señoritas con unos bustos tremendos, casi como por arte de magia. O señoras con cierta edad (incluso de abuelas) con todo en su lugar como si tuvieran 20 años. Cuando todo el mundo sabe que no los tienen. Nadie va a negar que a simple viste no es llamativo. De todas maneras, no entienden que a nosotros nos gustan naturales. O en todo caso, a mi me gustan naturales.
Siempre fui de la idea que la mejor edad es la que tengo. con sus pro y sus contra. Me parece una visión más justa de lo que nos ocurre. Cuando uno es chiquito, quiere ser grande, pero no hay nada como tener todo el día para pensar solamente en jugar. Es cierto, queremos tener más edad, porque hacemos otras cosas cuando somos grandes. Sin embargo, después vienen las obligaciones. Llega la escuela y nos pasamos todo el año cumpliendo horarios y cuando llega el verano al fin, nos mandan a las colonias para seguir cumpliendo horarios y órdenes, justo en nuestras vacaciones. Y así será el resto de la vida.
Cuando tenés 15 años es, sin duda, la mejor edad (como lo son las otras). Porque es cierto que sos un pavo, pero no te importa nada. Sos un pavo feliz. A los 18, te probás por primera vez el traje de adulto y, aunque ves que todavía te queda grande, te gusta usarlo, al menos, de a ratos. Es a esa edad cuando las mujeres comienzan la peor parte del calvario. "Después de los 18, los años pasan volando", me decía una de 18 cuando yo apenas llegaba a los 16. Y en realidad pasan tan rápido los segundos 18 como los primeros.
Con 18 me fui a vivir solo y lejos de casa, por el estudio. Y ahí realmente te hacés grande, casi a la fuerza. Aunque si hoy me tocara volver a vivir esa etapa, ni lo dudo. Cuando llegás a los 25, ya sos más grande que varios de los que te rodean y aún así sigue siendo una gran edad.
Los 30, no lo voy a negar, son como un cimbronazo, pero la vida nos entrega otras cosas. En muchos casos, ya estás casado o con hijos. Y para eso no hay edad fea. Los chicos son el antídoto para todos los dolores. Si no estás casado, tus obligaciones laborales, personales o de cualquier índole te dan el alimento de la vida.
En mi caso, todavía no llegué a los 40. Y sigo sosteniendo que la mejor edad es la que tengo. No sería justo echarle la culpa al DNI por las cosas que no hice, que no tuve, que me hubiera gustado hacer o tener. Trato de mirar para adelante y plantearme nuevos desafíos. Estoy seguro que cada edad los tiene. Si los tuvo durante casi 38 años, no veo motivo para que no los tenga de aquí en adelante. Y para eso me estoy preparando. Porque la edad que viene es la mejor.
miércoles, 15 de octubre de 2008
Un repaso de lo pasado
Si usted, estimado lector, se toma el trabajo de ir para atrás en el tiempo dentro de este blog encontrará un material que poco parece tener que ver con lo que he propuesto en mi entrada anterior. Y esto tiene una explicación bastante sencilla.
Cuando por setiembre de 2007 nació este blog, lo hizo con otro formato. De hecho, tenía otro título. Para quienes no siguieron aquella primera etapa del blog, se armó para reflejar en la red en Reencuentro de un grupo de grandes amigos. Todos desperdigados por el país y por el mundo.
Un grupo pequeño, pero compacto, homogéneo. Con una veintena de años de amistad en la mayoría de los casos y con un pasado común: nuestra estadía en la ciudad de Paraná (Entre Ríos).
Casi sin imaginarlo, el día del nacimiento de este blog -20 de setiembre- se iría convirtiendo en una fecha muy destacada para nuestro presente. Un año después, exactamente, hicimos realidad el sueño de reencontrarnos con nuestros amigos de la Facultad, con los que estudiamos por varios años. De aquel grupo de 7 ú 8 amigos, pasamos a una banda de 150 que nos reunimos en Paraná y que también tiene su espacio en la red.
Aquí fuimos interrumpiendo la publicación de comentarios y por eso decidí en estos días reflotar este espacio. Con otra idea, con otros objetivos, pero sin olvidar lo que le dio vida. De esos amigos, de esa parte de la vida que tanto recordamos, también hablaremos aquí. Hay muchas anécdotas de vida encerradas en esos años de convivencia. Y las vamos a ir rescatando. Esperamos contar con ustedes, sean o no amigos.
El inicio de una nueva etapa
Si me apuran y me preguntan, creo que la vida se trata un poco de eso. O tal vez sea porque alguna vez algún (o algunos) profesor loco se le ocurrió enseñarmelo así. Y a mi se me hizo carne. Partamos de una base, en todo caso, de mi base. Me gusta discutir, pero no a los gritos y nada de enojarme con el que está al lado porque piensa diferente. Aunque mil veces llegue a la conclusión de que el otro seguirá pensando lo mismo y yo también, me gusta.
Y me gusta dar una segunda opinión de las cosas. No me gusta comprar lo que me quieren vender, por el solo hecho de que lo tengan todos. Eso, algunos lo entienden como que a uno nada le cae bien. Un día, un conocido me dijo casi azorado "pero a vos no te gusta nada". Y algo de razón tenía. Tampoco es tan así, pero prefiero que parezca así. En muchos sentidos, me gusta ir contra la corriente, porque ves las cosas de otra manera. Ves lo que el resto tiene a sus espaldas y que no siempre es todo lo bueno que tienen de frente.
Claro que eso me ha costado algunos dolores de cabeza. Tal vez en otro momento de mi vida, le hubiera dedicado mucho más espacio (casi todo, a decir verdad) a esos dolores de cabeza. Sin embargo, con el tiempo fui entendiendo que no vale la pena. Que hay rencores que no merecen ser guardados en el mismo lugar en el que guardo los grandes momentos de mi vda. Sería una terrible injusticia.
Partiendo de esa base (mi base), comienzo una nueva etapa en este espacio que nació por otras cuestiones, no menos importantes, pero que me pareció razonable utilizarlo para volcar opiniones, ideas, razonamientos, reflexiones. Será mi punto de vista y eso no quiere decir que sea el único. De hecho, no tiene por qué ser el único ni siquiera en este lugar pretendidamente mio.
Yo sé muy bien que cada cual tiene un triple en el bocho. Y que es difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo, pero pensar diferente nos puede abrir la cabeza. Así que intentémoslo.
lunes, 21 de abril de 2008
¿Y si nos volvemos a juntar?

viernes, 11 de abril de 2008
Les cantamos los cuarenta

Todo acompañó. La noche, el lugar, la gente. Todos. Había un buen motivo. Los 40 años de Gabriel y Elena. Una excusa más que suficiente para reunir amigos de todas las épocas desde los compañeros de la secundaria hasta los del trabajo de hoy. El lugar bien elegido y un detalle para nada mínimo: la música. Tal vez un factor que, como en pocas épocas pasadas, cobra un valor muy importante.
Que te reciban con unos buenos lentos hechos videos clips, es algo que además, sirve como disparador de los primeros recuerdos. "¿Te acordás??" Como no acordarse.
También fue, como suele ocurrir en estos casos, un momento de reencuentros. Por ejemplo, volver a estar después de varios años con Horacio Piceda, conocer a su esposa, y compartir la mesa. Recordar los festejos de cumpleaños de hace casi dos décadas, cuando terminábamos bañados en el Paraná en la playa del Rowing o las largas noches de Parador o... (se me empieza a caer un lagrimón).
Después fueron llegando las sorpresas. La primera, un video de Elena -quien también cumplió los 40 en enero-, con un recorrido por su vida en fotos. Sólo queda por hacer un peritaje para saber si esas fotos de cuando era nena son de su hija o de ella (dos gotas de agua).
Para más tarde, quedaría el video del Gabi. Con momentos de mucha emoción. Sobre todo cuando aparecieron los gloriosos Mapaches Aulladores o cuando apareció alguna foto del departamento de calle Buenos Aires o la que sacamos en casa en enero cuando nos reencontramos.
Entonces uno vuelve a reflexionar sobre los amigos. Sobre esos locos que la vida quiso que no fueran hermanos de sangre, porque le tenían reservado un lugar igualmente importante.
Hubo mucha conga, mucho rock nacional del mejor -como no podía ser de otra manera- y un detalle fundamental: un bloquecito de lentos que tuvo más rating que Bailando por un sueño.
Fotos hubo muchas, aunque con el correr de las horas se fueron deteriorando los protagonistas de las mismas. Aquí se publica una de las más rescatables, las otras son reservadas. Ja.
domingo, 23 de marzo de 2008
Un Mapache a los 40
Cuando uno es chico -pendejo, para que se entienda un poco mejor- no toma conciencia (me animaría a decir que afortunadamente) de que inexorablemente el tiempo va pasando. Sólo uno toma nota de esto cuando el cuenta kilómetros está bastante avanzado.
Entonces, cuando se llega a cierta edad, es como que cada cumpleaños se vive de una forma diferente. En todo caso, se disfruta de una manera diferente. Y cuando el número es redondo, es como que afloran sensaciones especiales, particulares. Además, de un escalofrío que te recorre todo el cuerpo, porque ese cero puesto a la derecha es como demasiado fuerte, demasiado pesado.
En apenas unas horas, uno de Los Mapaches Aulladores, estará cumpliendo los 40. Casi nada. Y aunque uno esté parado acá en los 37 es como que comienza a sentir esa brisa inconfundible del cambio de década. Igual, la ocasión es propicia para que todo lo reflexiva de la fecha sirva para reunir a grandes amigos de toda la vida.
Y allí estaremos, acompañando a Gabriel. Y si el coraje nos acompaña le daremos 40 tirones de orejas, si pudieramos le daríamos 40 abrazos, o volveríamos a vivir 40 días juntos. De lo que sí estamos seguros, es que a los 20, a los 30 o a los 40 las cosas importantes siguen estando en el mismo lugar.
Vos grandote, siempre fuiste una especie de padre para nosotros, cuando nos apretaba la soledad del estudiante que vive lejos de casa. Tal vez ahí empezaste a aprender el oficio más lindo que hoy todos nos damos el lujo de ejercer. Tal vez ahí aprendiste a cagarnos a pedo en el momento justo y también a defendernos en el momento justo. Y te puedo asegurar que nos sirvió. Hoy seguramente les tocará a tus verdaderos hijos.
Así que por todas aquellas pequeñas grandes cosas, hoy vamos a estar al lado tuyo. Te vamos a ayudar a entrar en los 40 y, si querés, esperanos, que ya estamos llegando.
FELIZ CUMPLE GABI
martes, 29 de enero de 2008
Hay fotos en el alma que no se borran jamás
La previa: Gerardo, Eliana, Gabi y Norman, charlando en el patio. Y fíjense el detalle: el asado ya está aprontado, el fuego ya estaba prendido.
Esto no se lo cree nadie. Norman, Gerardo, yo y una botella de agua mineral. Juro que no tomamos una gota de agua.
El reencuentro. El Gabi y el Tío charlan frente a frente con Norman después de más de una década. Creo que nadie se percató de ese detalle.

Pedro, yo y Gerardo en una autofoto. Juró que recién empezábamos a tomar. Aunque ya era tarde, calculá que ya estaba Pedro y todo.
Gerardo tratando de descifrar una vieja foto. Si Gera, somos nosotros y jugando al fútbol con las mujeres. Eso sí, de c.... ni hablar.

Los sucesores. Arriba, el Lauti, Joaquín y Darko, con Gerardo, conmigo, con Pedro y con Norman. Y sí, no hay forma de confundirse de hijo. Obsérvese el detalle de la mano intrusa de Eliana capturando un momento único
Impresionante foto tomada por Pedro. De izquierda a derecha, Darko, que no puede ser más que Munch. Joaquín que aunque es parecido a Valeria tiene el inconfundible carácter de Pedro. Paula, que no puede ser más que hija de la Gabi. Y Lautaro (mares de baba), que no puede ser más que hijo mío.
Continuará........
lunes, 14 de enero de 2008
Aquí están...estos son...
De a poco vamos publicando las fotos del sábado inolvidable. Aquí la barra, el motivo fundamental de nuestra reunión. ¡Qué equipo señores!!
domingo, 13 de enero de 2008
Una fiesta inolvidable

viernes, 11 de enero de 2008
Hoy va a ser un gran día

